Comenzamos planificando

Una de las primeras cosas que aprendemos durante nuestro curso de Open Water es que no podemos estar todo el tiempo que queremos buceando. Existen unas limitaciones relacionadas con el hecho de respirar aire a presión, además  de la cantidad de gas que puedo llevar en mi botella.

Me cuentan algo sobre un tal Henry, cuya ley asegura que, cuando buceo, se disuelve nitrógeno en mis tejidos y esto va a limitar el tiempo que puedo estar buceando y que si no le hago caso entonces me convertiré en una botella de gaseosa agitada y burbujeante.

tablasEntonces me plantan delante unas tablas llenas de números que no hay quien entienda (da igual la agencia certificadora!) y tengo que darles mil vueltas hasta que consigo dominarlas, y me engancho como si fueran Sudokus, y planifico hasta un supuesto día con cuatro inmersiones sucesivas en el Mar Rojo en el que finalizo con un TNR astronómico. ¿Os acordáis? 🙂

Este es un punto, sobre  la planificación de inmersiones, bonito e importante en todo plan de formación de buceo: el momento en que somos conscientes con la gravedad de la enfermedad descompresiva.

Planificamos, en función del perfil de la inmersión, el tiempo máximo de fondo sin entrar superar los límites de no descompresión, nuestra estrategia de ascenso, con su parada de seguridad y el aire que voy a necesitar para llegar a superficie sin problemas.

Sin embargo, según avanzamos en nuestra vida de buceador hay muchos momentos en los que estas planificaciones pasan al olvido.

Y, ¿por qué?

Exceso de confianza

En ocasiones muchos buceadores acuden a los centros de buceo, incluso sin los instrumentos mínimos, y confían en que el guía gestione la inmersión por ellos. Nunca debemos dejar en manos de otros lo que es nuestra responsabilidad: nuestra propia seguridad. Si no tienes profundímetro y reloj,  o un ordenador, tendrás que alquilarlos y solicitar los datos necesarios sobre la inmersión para poder planificarla.

Otro momento de relajación general respecto a la planificación de inmersiones es cuando compras tu primer ordenador. De repente, todo se vuelve tremendamente fácil y cómodo. Tienes un aparato te canta los datos al momento y, entonces, sientes que te puedes despreocupar.

Y aquí viene uno de los quebraderos de cabeza de todo profesional del buceo: el ínfimo % de buceadores que lee las instrucciones de su ordenador de buceo.

Así que llega el día en que buceas un poco profundo, extendiendo el tiempo de fondo o, quizás durante una inmersión sucesiva, y entonces te encuentras con que tu ordenador empieza a pitar y parpadear con números que no entiendes…

Entrar en deco y saltársela, eso no puede ocurrir jamás! Debes conocer al dedillo tu ordenador de buceo. Que no hayas leído las instrucciones de tu equipo de movil o nueva TV 3D no pone en juego tu salud de la misma manera.

Y, así transcurre nuestra vida de buceadores, como nunca pasa nada nos vamos relajando… Seamos sinceros, perdemos el miedo a un posible accidente.

Además, cuando vas a bucear y tienes claro qué es lo que se va a hacer durante la inmersión, las cosas funcionan mucho mejor.

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Si sabes quién va ser tu compañero, cuál va a ser vuestra profundidad máxima, la dirección qué vais a llevar, qué material de repuesto lleva cada uno, cuál es la presión de retorno, quién es el encargado de guiar, etc. siempre vas a hacer la inmersión mucho más traquilo que si simplemente haces aquello de echarse al agua y ya si eso lo hablamos en el fondo…

Porque durante la inmersión, la comunicación es bastante más complicada y, habitualmente, puede haber malentendidos, así que te pasas la mitad de la inmersión no sabiendo por qué se toman ciertas decisiones y simplemente te dejas llevas por ellas. Si sumamos narcosis a esta situación, el cóctel puede ser explosivo.

Poner remedios no es tan complicado: Con unos minutos dedicados en superficie a planificar la inmersión tendremos mucha tranquilidad en el fondo.

 

La planificación como hábito

Por todas estas razones planificamos en todas nuestras inmersiones, hasta en los buceos más sencillos. Es una de las bases de seguridad que nos permite disfrutar más del buceo y lo transmitimos en todos nuestros cursos de formación UTD.

La planificación de inmersiones debe realizarse de forma consistente durante toda la trayectoria del buceador. Desde el Open Water hasta el buceo técnico es importante que se utilicen las mismas estrategias y únicamente haya que implementar en cada escalón de formación pequeños ajustes a los nuevos requerimientos.

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Posiblemente muchos hayáis oído hablar del Rock Bottom, que es la forma de planificar y gestionar los gases mínimos que mi equipo de buceo va a necesitar para realizar una inmersión. En los cálculos está siempre incluido el aire que podría necesitar mi compañero en caso de emergencia.

También utilizamos la estrategia de ascenso conocida como Ratio Deco para gestionar nuestra inmersión sin necesidad de un ordenador y siempre hacemos una deco mínima, incluso en buceo recreativo.

 

Uno de nuestro objetivos, como buceadores pensantes,  debería ser que en nuestras inmersiones seamos protagonistas de las mismas, tomando decisiones sobre nuestra seguridad y minimizando los riesgos a los que nos exponemos. De esta manera podremos cumplir mejor el verdadero objetivo del buceo: Disfrutar!

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